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martes, 25 de diciembre de 2012

El sonido pétreo de la época


Esa voz nos ubicó absolutamente a todos en los '40. Los términos empleados para para narrar lo sucedido en aquel partido de Racing, el ritmo militar en el que se encuadraban las palabras, esa falta de graves y agudos debido al sonido pétreo de la época.
Seguramente alguien hubiese querido viajar hacia allá y recomenzar su vida, tan solo para no tener que soportar al tipo que yo tenía al lado. De unos veinticinco años, trajeado, con bigote al estilo de antológicos modelos del pasado, leyendo el prospecto de una Bersa. Ojos hinchados en los cuales se adivinaba el hastío de estar llevando una vida respetable en la economía de mercado. Ojos hinchados que miraron con desprecio al boliviano de rulos que subió en Diagonal Norte. De habérselo encontrado en otro sitio, un baldío oscuro por ejemplo, lo habría perforado con la Bersa sólo para probarla. El pichón se miró los zapatos puntiagudos y jugueteó un poco con su movicom. Le miró la antena y se acordó de anoche. Era tarde y aún estaba en el centro, cerrando transas con el gerente de crédito del Banco Pampeano. Esto le significaba un ingreso extra importante. Finalizaron la negociación llamando a uno de esos avisos del rubro cincuenta y nueve. Un momento recreativo. A la hora cada cual jugaba con su gato en una habitación del hotel Ambassador. El pichón no utilizo el servicio completo. Se hizo atender con la mano y al llegar al climax le metió la antena del movicom en el orto. Luego, ambos abandonaron el hotel y las chicas. El gerente se dirigió a su hogar y el pichón a la casa de sus padres algo malhumorado. Su novia lo llamaría de un momento a otro y la antena de su celular se había quebrado.
 

Cassandre (1996)

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